Ya he tirado la toalla de olvidarte rápidamente. No va a ser
así.
Cuando me despedí de ti, dolía muchísimo y tuve que aguantar
fuertemente las lágrimas para no llorar delante de mis compañeros de viaje.
Pero me dolía, y ni siquiera entendía bien que estaba pasando. Ni me imaginaba
que eso era amor.
Todo había ido tan bien hasta ese momento que no me pare a
pensar que pudiera haberme enamorado. Y aun dándome cuenta aquí en Roma de mis
sentimientos, seguía sin entender la magnitud de esa palabra. Reconozco que aún
me cuesta entender el amor.
Día a día te echo de menos, quiero verte y oír tu voz de
nuevo. Te quiero tanto que me conformo con una charla, ni siquiera pido besos
ni hacer el amor. No entiendo cómo puede afectarme tanto no tenerte cerca e incluso
a veces me pregunto si es obsesión. Pero para serte sincera, ni siquiera es que
busque pensarte, surges en las cosas más estúpidas de mis días. En esas cosas
que creo que te harían gracia, o esas emociones que me encantaría compartir
contigo, para volver a ver cómo me miras cuando me emociono con la luz.
No puedo evitar preguntarme si te sigues acordando de mí de
la misma forma, si paseas por el parque imaginándome como en septiembre, si me
ves en tu casa caminando desnuda y jugando con tu gata. Si tú también sigues
esperando. Esperándome.
Porque sé que me has querido, pero nunca me dijiste si te
enamoraste de mí. Sé que fue muy poco tiempo para saberlo, pero yo ahora lo sé.
A veces me duele pensar que lo que has sentido por mí no ha superado a lo que
sentiste en el pasado…
Y ya reflexionando sobre el amor. Llega un punto que no
entiendo cómo puede durar este sentimiento, como puede una persona seguir
enamorada aun sin tener contacto, solo alimentando el amor de recuerdos. ¿Hasta
qué punto estás enamorado entonces de la otra persona? Y es curioso porque
cuando vuelves a verlo, te sigues sintiendo igual, sigues amando a esa persona.
Me fascina el poder de esa emoción. Como es capaz de perdurar en la distancia y
el tiempo, y seguir como si nada. Y sobre todo, que a pesar del dolor, de la agonía
que genera a veces, sigue mereciendo la pena para la persona enamorada.
Porque así me siento yo. Aunque sufra, aunque me duela, mi corazón
no puede rendirse. Sigue esperando, hasta que te vuelva a ver. Llega un punto
que te da igual sufrir, resulta enfermizo, pero a la vez es tan bonito… Lo peor
es que ni siquiera estas seguro de si esa relación merece la pena, si merece
tanto esperar, aun así no puedes evitar querer intentarlo. Porque en el fondo
sabes, que si sale mal al menos podrás tener un motivo para pasar página.
Lo más curioso es que antes de conocerte, el amor para mí
era algo ajeno y me resultaban repulsivas esas cursilerías que estoy
escribiendo aquí. Qué remedio, así lo siento. Y pensar que en septiembre estaba
convencida de que te habría olvidado este mes de noviembre…