viernes, 18 de noviembre de 2016

Laura: ¿Tiene un minuto para escuchar nuestra oferta?

Me acaba de llamar una chica a mi teléfono.

 Era otra operadora queriendo que cambiara de compañía telefónica. Nada más saber esto, he colgado el teléfono sin pensarlo demasiado.

Pero justo al colgar, he recordado que la chica se llamaba Laura. Y sonaba algo cansada. Seguramente no haya tenido un buen día, o está deseando que termine su jornada laboral. 

¿Y si en vez de colgarle, hubiera seguido al teléfono? Ella no podría haberme vendido nada pero no puedo evitar pensar que quizá podría haber intentado animarle el día. Tener una breve conversación con ella, y que no solo sacara un no como respuesta, o el silencio, que es lo que le dado yo.

A veces se me olvida que bien podría ser yo la chica que atiende al teléfono y que no tiene que ser agradable que te traten así.


Creo que podría haber echo sonreir a Laura. Sí tenia un minuto.

martes, 15 de noviembre de 2016

Es noviembre y yo sigo en septiembre...

Ya he tirado la toalla de olvidarte rápidamente. No va a ser así.

Cuando me despedí de ti, dolía muchísimo y tuve que aguantar fuertemente las lágrimas para no llorar delante de mis compañeros de viaje. Pero me dolía, y ni siquiera entendía bien que estaba pasando. Ni me imaginaba que eso era amor.

Todo había ido tan bien hasta ese momento que no me pare a pensar que pudiera haberme enamorado. Y aun dándome cuenta aquí en Roma de mis sentimientos, seguía sin entender la magnitud de esa palabra. Reconozco que aún me cuesta entender el amor.

Día a día te echo de menos, quiero verte y oír tu voz de nuevo. Te quiero tanto que me conformo con una charla, ni siquiera pido besos ni hacer el amor. No entiendo cómo puede afectarme tanto no tenerte cerca e incluso a veces me pregunto si es obsesión. Pero para serte sincera, ni siquiera es que busque pensarte, surges en las cosas más estúpidas de mis días. En esas cosas que creo que te harían gracia, o esas emociones que me encantaría compartir contigo, para volver a ver cómo me miras cuando me emociono con la luz.

No puedo evitar preguntarme si te sigues acordando de mí de la misma forma, si paseas por el parque imaginándome como en septiembre, si me ves en tu casa caminando desnuda y jugando con tu gata. Si tú también sigues esperando. Esperándome.

Porque sé que me has querido, pero nunca me dijiste si te enamoraste de mí. Sé que fue muy poco tiempo para saberlo, pero yo ahora lo sé. A veces me duele pensar que lo que has sentido por mí no ha superado a lo que sentiste en el pasado…

Y ya reflexionando sobre el amor. Llega un punto que no entiendo cómo puede durar este sentimiento, como puede una persona seguir enamorada aun sin tener contacto, solo alimentando el amor de recuerdos. ¿Hasta qué punto estás enamorado entonces de la otra persona? Y es curioso porque cuando vuelves a verlo, te sigues sintiendo igual, sigues amando a esa persona. Me fascina el poder de esa emoción. Como es capaz de perdurar en la distancia y el tiempo, y seguir como si nada. Y sobre todo, que a pesar del dolor, de la agonía que genera a veces, sigue mereciendo la pena para la persona enamorada.

Porque así me siento yo. Aunque sufra, aunque me duela, mi corazón no puede rendirse. Sigue esperando, hasta que te vuelva a ver. Llega un punto que te da igual sufrir, resulta enfermizo, pero a la vez es tan bonito… Lo peor es que ni siquiera estas seguro de si esa relación merece la pena, si merece tanto esperar, aun así no puedes evitar querer intentarlo. Porque en el fondo sabes, que si sale mal al menos podrás tener un motivo para pasar página.


Lo más curioso es que antes de conocerte, el amor para mí era algo ajeno y me resultaban repulsivas esas cursilerías que estoy escribiendo aquí. Qué remedio, así lo siento. Y pensar que en septiembre estaba convencida de que te habría olvidado este mes de noviembre… 

domingo, 13 de noviembre de 2016

¿Puedo hacer una pregunta?

-¿Papá, la vida siempre es así?
-¿Así como cielo?
-Pues… levantarte siempre temprano, ir al cole, fin de semana… ¿Siempre será igual Papi?
-Supongo que sí cariño, es lo que hay que hacer para vivir.
-…pues que aburrido.

Esta conversación la tuve con mi padre a mis seis años.

Siempre he sido una persona complicada. Mi mente siempre ha sido un ovillo enredado y cada vez que intentaba tirar de uno de esos hilos para ver de su color o forma, el nudo de hacía más grande, haciéndome muy difícil entender mis pensamientos. Con el tiempo, he aprendido a peinar el ovillo, a sacar los hilos uno a uno, y ordenarlos en mi mente. De esta forma estoy alejándome de la chica insegura que no lograba comprender la complejidad de sus propios pensamientos y me doy cuenta de que cada vez soy más capaz de percibir el mundo de una forma más clara, compleja pero entendible a mi manera.
Porque siempre me he preguntado cuestiones muy difíciles de responder, ya que la respuesta depende del entendimiento de cada uno, de la forma en que cada persona tiene de ver el mundo. El problema es que no encontraba la mía.
Siempre me ha gustado hacer preguntas, ya desde niña le preguntaba a mi padre cualquier tipo de duda que se me ocurriera, a pesar de que muchas veces sabía la respuesta. Supongo que adquirí la capacidad de buscar respuestas en otros en vez de en mí. Y cuando ya crecida me preguntaba, ¿qué es la vida? ¿Y el amor? ¿Cuál es mi sentido de vivir? Esperaba que otros respondieran por mí, que me ayudaran a entender, a deshacer los nudos.
Qué curioso que a mis 23 años me dé cuenta de que la única que puede responder a esas preguntas soy yo misma. Las experiencias que estoy pasando, el amor, el sufrimiento y la felicidad, me enseñan cada día un poco más de mí. Ahora me estoy empezando a conocer, mi ego y yo estamos empezando a ser amigas. Y es preciosa la amistad. Por primera vez siento que soy esa mejor amiga, ese amor, esa compañía que habla conmigo, que me ayuda a entenderme y a saber lo que quiero para mi vida. Que donde yo vaya, seré feliz, aunque sufra, aunque me sienta sola, aunque añore a mis seres queridos, a la larga estaré bien, porque me tengo a mí y yo lucharé por lo que necesito para ser feliz.

Y me volveré a perder en mi ovillo, a enredarme en mis pensamientos. Volveré a sentirme insegura, a tener miedo y sufriré, pero ahí estaré yo, toda para mí. 

El tiempo me sigue hablando de lo nuestro.

Cuando estás enamorado en la distancia, llega un punto en que ya ni siquiera sabes de qué. Cuando sabes el quien, y apenas hablas con ese quien, y ni siquiera lo ves, ¿Cómo es posible seguir enamorado?
Lo recuerdas con las cosas más estúpidas, te preguntas al acostar que te reacción hubiera tenido al contarle tu día y te levantas pensando como seria si fuera con él. A veces me parece absurdo. Pero no desaparece.
Quizá el amor es como una plantita que sobrevive a pesar de las borrascas, por ese pequeño y ridículo rayo de sol que es los meses que quedan para volver a verlo. Lo malo es que se riega con las lágrimas que causan no estar con él. ¿Qué sentido tiene amar cuando ni siquiera sabes si podréis estar juntos aunque viváis en la misma cuidad? Tiene menos sentido aún si pienso en que apenas pase cuatro días junto a ti. 
Y ni siquiera es que no pueda ser feliz sin él. Porque estoy bien donde estoy. Hasta para mi sorpresa creo que conseguiría estar bien en cualquier parte. Pero no puedo evitar sentirme incompleta, recordando que con él no me hacía falta pensar más allá que en ese instante, en el que me sentía realmente realizada, como nunca me había sentido.
Y ya sé que aunque consiga estar con él, no será perfecto. Habrá discusiones, dudas y miedos. Pero son pequeñeces, porque las virtudes que esconde me parecen infinitas. Y me encantaría descubrirlas todas, hasta el polvo que esconde bajo la alfombra.

Salgo de fiesta, río y bebo. Y me fuerzo en encontrar una cara y otras palabras, que me hagan olvidarme por unos instantes de que la cara y la voz que oigo siempre es la tuya. Porque le quiero a él, y por difícil que me parezca, creo que a mi corazón le importa una mierda la distancia y el tiempo. El solo desea crear una dimensión alternativa donde la distancia se convierta en aquí y el tiempo sea hoy, y ambos formen un JUNTOS.