martes, 15 de noviembre de 2016

Es noviembre y yo sigo en septiembre...

Ya he tirado la toalla de olvidarte rápidamente. No va a ser así.

Cuando me despedí de ti, dolía muchísimo y tuve que aguantar fuertemente las lágrimas para no llorar delante de mis compañeros de viaje. Pero me dolía, y ni siquiera entendía bien que estaba pasando. Ni me imaginaba que eso era amor.

Todo había ido tan bien hasta ese momento que no me pare a pensar que pudiera haberme enamorado. Y aun dándome cuenta aquí en Roma de mis sentimientos, seguía sin entender la magnitud de esa palabra. Reconozco que aún me cuesta entender el amor.

Día a día te echo de menos, quiero verte y oír tu voz de nuevo. Te quiero tanto que me conformo con una charla, ni siquiera pido besos ni hacer el amor. No entiendo cómo puede afectarme tanto no tenerte cerca e incluso a veces me pregunto si es obsesión. Pero para serte sincera, ni siquiera es que busque pensarte, surges en las cosas más estúpidas de mis días. En esas cosas que creo que te harían gracia, o esas emociones que me encantaría compartir contigo, para volver a ver cómo me miras cuando me emociono con la luz.

No puedo evitar preguntarme si te sigues acordando de mí de la misma forma, si paseas por el parque imaginándome como en septiembre, si me ves en tu casa caminando desnuda y jugando con tu gata. Si tú también sigues esperando. Esperándome.

Porque sé que me has querido, pero nunca me dijiste si te enamoraste de mí. Sé que fue muy poco tiempo para saberlo, pero yo ahora lo sé. A veces me duele pensar que lo que has sentido por mí no ha superado a lo que sentiste en el pasado…

Y ya reflexionando sobre el amor. Llega un punto que no entiendo cómo puede durar este sentimiento, como puede una persona seguir enamorada aun sin tener contacto, solo alimentando el amor de recuerdos. ¿Hasta qué punto estás enamorado entonces de la otra persona? Y es curioso porque cuando vuelves a verlo, te sigues sintiendo igual, sigues amando a esa persona. Me fascina el poder de esa emoción. Como es capaz de perdurar en la distancia y el tiempo, y seguir como si nada. Y sobre todo, que a pesar del dolor, de la agonía que genera a veces, sigue mereciendo la pena para la persona enamorada.

Porque así me siento yo. Aunque sufra, aunque me duela, mi corazón no puede rendirse. Sigue esperando, hasta que te vuelva a ver. Llega un punto que te da igual sufrir, resulta enfermizo, pero a la vez es tan bonito… Lo peor es que ni siquiera estas seguro de si esa relación merece la pena, si merece tanto esperar, aun así no puedes evitar querer intentarlo. Porque en el fondo sabes, que si sale mal al menos podrás tener un motivo para pasar página.


Lo más curioso es que antes de conocerte, el amor para mí era algo ajeno y me resultaban repulsivas esas cursilerías que estoy escribiendo aquí. Qué remedio, así lo siento. Y pensar que en septiembre estaba convencida de que te habría olvidado este mes de noviembre… 

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