domingo, 13 de noviembre de 2016

El tiempo me sigue hablando de lo nuestro.

Cuando estás enamorado en la distancia, llega un punto en que ya ni siquiera sabes de qué. Cuando sabes el quien, y apenas hablas con ese quien, y ni siquiera lo ves, ¿Cómo es posible seguir enamorado?
Lo recuerdas con las cosas más estúpidas, te preguntas al acostar que te reacción hubiera tenido al contarle tu día y te levantas pensando como seria si fuera con él. A veces me parece absurdo. Pero no desaparece.
Quizá el amor es como una plantita que sobrevive a pesar de las borrascas, por ese pequeño y ridículo rayo de sol que es los meses que quedan para volver a verlo. Lo malo es que se riega con las lágrimas que causan no estar con él. ¿Qué sentido tiene amar cuando ni siquiera sabes si podréis estar juntos aunque viváis en la misma cuidad? Tiene menos sentido aún si pienso en que apenas pase cuatro días junto a ti. 
Y ni siquiera es que no pueda ser feliz sin él. Porque estoy bien donde estoy. Hasta para mi sorpresa creo que conseguiría estar bien en cualquier parte. Pero no puedo evitar sentirme incompleta, recordando que con él no me hacía falta pensar más allá que en ese instante, en el que me sentía realmente realizada, como nunca me había sentido.
Y ya sé que aunque consiga estar con él, no será perfecto. Habrá discusiones, dudas y miedos. Pero son pequeñeces, porque las virtudes que esconde me parecen infinitas. Y me encantaría descubrirlas todas, hasta el polvo que esconde bajo la alfombra.

Salgo de fiesta, río y bebo. Y me fuerzo en encontrar una cara y otras palabras, que me hagan olvidarme por unos instantes de que la cara y la voz que oigo siempre es la tuya. Porque le quiero a él, y por difícil que me parezca, creo que a mi corazón le importa una mierda la distancia y el tiempo. El solo desea crear una dimensión alternativa donde la distancia se convierta en aquí y el tiempo sea hoy, y ambos formen un JUNTOS. 

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