Cuando estás enamorado en la distancia, llega un punto en
que ya ni siquiera sabes de qué. Cuando sabes el quien, y apenas hablas con ese
quien, y ni siquiera lo ves, ¿Cómo es posible seguir enamorado?
Lo recuerdas con las cosas más estúpidas, te preguntas al
acostar que te reacción hubiera tenido al contarle tu día y te levantas
pensando como seria si fuera con él. A veces me parece absurdo. Pero no
desaparece.
Quizá el amor es como una plantita que sobrevive a pesar de
las borrascas, por ese pequeño y ridículo rayo de sol que es los meses que
quedan para volver a verlo. Lo malo es que se riega con las lágrimas que causan
no estar con él. ¿Qué sentido tiene amar cuando ni siquiera sabes si podréis estar juntos aunque viváis en la misma cuidad? Tiene menos sentido aún si pienso en que apenas pase cuatro días junto a ti.
Y ni siquiera es que no pueda ser feliz sin él. Porque estoy
bien donde estoy. Hasta para mi sorpresa creo que conseguiría estar bien en
cualquier parte. Pero no puedo evitar sentirme incompleta, recordando que con
él no me hacía falta pensar más allá que en ese instante, en el que me sentía realmente
realizada, como nunca me había sentido.
Y ya sé que aunque consiga estar con él, no será perfecto. Habrá
discusiones, dudas y miedos. Pero son pequeñeces, porque las virtudes que
esconde me parecen infinitas. Y me encantaría descubrirlas todas, hasta el
polvo que esconde bajo la alfombra.
Salgo de fiesta, río y bebo. Y me fuerzo en encontrar una cara y otras palabras, que me hagan olvidarme por unos instantes de que la cara y la voz que oigo siempre es la tuya. Porque le quiero a él, y por difícil que me parezca, creo
que a mi corazón le importa una mierda la distancia y el tiempo. El solo desea
crear una dimensión alternativa donde la distancia se convierta en aquí y el
tiempo sea hoy, y ambos formen un JUNTOS.
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