domingo, 13 de noviembre de 2016

¿Puedo hacer una pregunta?

-¿Papá, la vida siempre es así?
-¿Así como cielo?
-Pues… levantarte siempre temprano, ir al cole, fin de semana… ¿Siempre será igual Papi?
-Supongo que sí cariño, es lo que hay que hacer para vivir.
-…pues que aburrido.

Esta conversación la tuve con mi padre a mis seis años.

Siempre he sido una persona complicada. Mi mente siempre ha sido un ovillo enredado y cada vez que intentaba tirar de uno de esos hilos para ver de su color o forma, el nudo de hacía más grande, haciéndome muy difícil entender mis pensamientos. Con el tiempo, he aprendido a peinar el ovillo, a sacar los hilos uno a uno, y ordenarlos en mi mente. De esta forma estoy alejándome de la chica insegura que no lograba comprender la complejidad de sus propios pensamientos y me doy cuenta de que cada vez soy más capaz de percibir el mundo de una forma más clara, compleja pero entendible a mi manera.
Porque siempre me he preguntado cuestiones muy difíciles de responder, ya que la respuesta depende del entendimiento de cada uno, de la forma en que cada persona tiene de ver el mundo. El problema es que no encontraba la mía.
Siempre me ha gustado hacer preguntas, ya desde niña le preguntaba a mi padre cualquier tipo de duda que se me ocurriera, a pesar de que muchas veces sabía la respuesta. Supongo que adquirí la capacidad de buscar respuestas en otros en vez de en mí. Y cuando ya crecida me preguntaba, ¿qué es la vida? ¿Y el amor? ¿Cuál es mi sentido de vivir? Esperaba que otros respondieran por mí, que me ayudaran a entender, a deshacer los nudos.
Qué curioso que a mis 23 años me dé cuenta de que la única que puede responder a esas preguntas soy yo misma. Las experiencias que estoy pasando, el amor, el sufrimiento y la felicidad, me enseñan cada día un poco más de mí. Ahora me estoy empezando a conocer, mi ego y yo estamos empezando a ser amigas. Y es preciosa la amistad. Por primera vez siento que soy esa mejor amiga, ese amor, esa compañía que habla conmigo, que me ayuda a entenderme y a saber lo que quiero para mi vida. Que donde yo vaya, seré feliz, aunque sufra, aunque me sienta sola, aunque añore a mis seres queridos, a la larga estaré bien, porque me tengo a mí y yo lucharé por lo que necesito para ser feliz.

Y me volveré a perder en mi ovillo, a enredarme en mis pensamientos. Volveré a sentirme insegura, a tener miedo y sufriré, pero ahí estaré yo, toda para mí. 

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